Habrá que hacer cornetas rojas y amarillas o "lilas, rojas y amarillas".. en una de ésas, anaranjadas.
Semanas atrás paré en una estación de servicio y vi este desconcertante cartel publicitario que promovía la compra de estas cornetas insoportables. En ese momento, el precio de la Vuvuzela original era de €2,99. El adminículo era poco utilizable en festejos colectivos. Por ejemplo, en la Goethe Galerie, no te permiten entrar con cornetas (ver nota anterior). El hecho de que los alemanes se interesaran por comprarse la corneta original, ojo que rechazamos imitaciones, guarda... me dio una sensación de decadencia.
Casi sumándome a los nostálgicos de las costumbres de amargos, sentí añoranza de aquellos vecinos que eran capaces de quejarse ante las autoridades porque, no sé, ponele que la bisagra de una puerta del placard estuviera sin aceite y te chillara. "Sie machen zu viele Geräusche, man will schlafen hier!".
Ahora pasamos de la exigencia de silencio ajeno absoluto a tocar la corneta como un infradotado.
Este gusto por la corneta incidió en el mercado local. Hace una semana, el precio había subido a € 7,00 (no en la Shell, en otro negocio).
Bueh.. Resulta que a partir de mañana, en Alemania se hablará del tiempo inestable, del tránsito automotor, de la inmortalidad del cangrejo. De cualquier cosa menos de Fussball.
Supongo que dejarán de vender esas cornetas del orto, por otra parte. Si no, para la Eurocopa del 2012. Andá a saber...

En el entretiempo, salimos a la calle con los gallegos locales. Nótese que llevo la camiseta de Occitania, equipo no afiliado a la FIFA.
Las fotos del bajón ienense están en http://www.otz.de/startseite/detail/-/specific/Das-WM-Halbfinale-in-Jena-1906770647
